Soldados polacos instalan una cerca de alambre en la zona fronteriza de Krynki. (Maciej Luczniewski / NurPhoto via Getty Images).

La crisis sanitaria global abría la puerta para llevar a cabo un cambio drástico de modelo con el fin de lograr una migración segura, ordenada y regular, pero finalmente el enfoque de Europa-fortaleza se sigue consolidando.

La pandemia de la Covid-19 ha expuesto a la sociedad internacional a una coyuntura crítica excepcional. A escala económica y social ha supuesto una crisis sin precedentes. Sin embargo, a nivel político e institucional, ha creado el espacio potencial para cambios extraordinarios. En un escenario como el actual, en el que las creencias y paradigmas son puestos en tela de juicio mientras que sus alternativas antagónicas –prácticamente marginales, entran en escena con fuerza, se abre ante nosotros un nuevo horizonte de posibilidades. Las necesidades generadas por las crisis y por un tejido político-institucional en efervescencia convierten en creíbles o probables opciones políticas que tiempo atrás eran impensables. Eso no las hace, sin embargo, inevitables. Si el sistema, el paradigma dominante resiste a las alternativas y sobrevive la coyuntura, este saldrá consolidado. En pocas palabras, las consecuencias de un panorama como el actual parecen bifurcarse: bien hacia un cambio sustancial o bien hacia un reforzamiento del statu quo.

El año 2020, de hecho, nos ha dado ejemplos bien dispares. En algunos ámbitos se han observado cambios sustanciales, como en la política económica. El plan de recuperación (Next Generation EU) firmado por los Estados miembros de la UE en julio ha sido un ejemplo paradigmático de una transformación del paradigma. Según el redactor jefe adjunto del diario Financial Times, Philip Stephens, “[la pandemia] ha replanteado el papel del Estado, […] y ya no es tan obvio que la respuesta a cada reto de política ...